EL CORAZÓN, UNA ASIGNATURA PENDIENTE

Construir una relación ¿es cosa de razón o de emoción?. Habitualmente nos hacemos esta pregunta pero  en general, no atendemos a que también es cuestión de gestión emocional, de autoconocimiento, de escucha activa, empatía, autoestima…

El ser humano es un ser social, y las relaciones  que establecemos a lo largo de la vida por tanto, cobran gran importancia.

La primera relación cercana e íntima que establecemos es la relación madre- hijo.

El vinculo que establecemos con  nuestra madre, es el más intenso y firme que adquiriremos con casi total seguridad en nuestra vida. Las características de este vínculo son cercanía, amor, seguridad. En esta relación y  las que establecemos con nuestra familia de origen vamos forjando un estilo de apego que va a influenciar el resto de relaciones afectivas.

Las primeras relaciones amorosas tienen un gran peso afectivo para nosotros. El componente de “primera vez” implica un valor añadido. El descubrimiento de besos, caricias y el afecto sentido  en los primeros encuentros son vividos con singular ilusión, y con el interés que despierta lo desconocido.

Estas relaciones nos sirven por un lado de aprendizaje y, por otro;  en ellas reflejamos o expresamos los modelos previamente adquiridos, y  que proceden de las relaciones que hemos visto de los que consideramos nuestros referentes.

Paulatinamente, a lo largo de nuestra vida, las relaciones y rupturas amorosas se nos acumulan en forma de experiencias.  Las vivimos tan intensamente y ocupan un lugar tan importante que afectan a como nos percibimos a nosotros mismos, y la manera de encarar la vida y otras nuevas relaciones tras un fracaso.

Así, cuantos más fracasos amorosos hayamos sufrido, mayores serán nuestras inseguridades y angustias; y  también con mayor probabilidad, aparecerán sentimientos como la desmotivación, falta de confianza, y falta de autoestima.

Las características personales y la forma de enfrentarse a la situación  determinarán como se desarrollen los conflictos que puedan surgir.

A la hora de entablar nuevas relaciones, sanear nuestras heridas es paso necesario e imprescindible para no cargar al otro miembro de la nueva relación con cargas de historias ya pasadas.

Volver a confiar, querer y dejarse querer, conllevan un esfuerzo extra si arrastramos cuestiones que ya no forman parte del momento actual.

Por tanto, cuando tengas la oportunidad de volver a sentir algo tan especial como amar a alguien, ten el valor de abrir el corazón, dar tanto como pides, y disfruta del poder de volver a confiar. Y trabaja!.  Trabaja mucho en ti, en tu comunicación, en tus valores, en tus miedos, etc., para hacer una apuesta segura al AMOR, así, con mayúscula.

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